La Tepa del Río Tancochin

11.06.2012
por Dirección de Promoción

La Tepa del Río Tancochin

La Tepa del Río Tancochin

En los márgenes y a todo lo largo del extenso Río Tancochin (palabra Téenek, que significa echar carga a la balsa), en la sierra de Otontepetl, municipio de Tancoco y que atraviesa Naranjos-Amatlán, Chinampa y Tamiahua, desembocando en la laguna del mismo nombre, nace la Leyenda de la Tepa.
Según cuentan los abuelos, la Tepa era una mujer muy hermosa, alta, de tez blanca, larga cabellera, cuerpo torneado, ojos coquetos y sonrisa encantadora, cuando se le veía a lo lejos pero una vez que se acercaba su apariencia cambiaba totalmente: su expresión sólo incitaba odio, su rostro se mostraba pálido y amarillo, los ojos destellaban odio, su pelo estaba desbaratado y las uñas eras largas y filosas.
La Tepa cantaba cuando estaba contenta, sin embargo sus cantos eran tristes y en una lengua extraña; a veces se sentía su presencia en las milpas cuando azotaba un viento que movía todo a su paso y surgía de la nada, sin dejar pasar a nadie por el camino, llenando de ramas y abrojos todas las salidas; provocando enorme susto a quienes lograban verla, sufriendo invariablemente de fuertes fiebres y alucinaciones por muchos días e incluso, fallecían por esta causa.
Esta historia la conocían todos los habitantes de la región por ello cuando sembraban preparaban mucha comida, café, agua limpia para beber, pan, tortillas y aguardiente, para comer en la milpa, acompañados de sus peones;      no sin antes ofrendarle a la Tepa en un lugar especial del monte, siete cazuelitas pequeñas de barro con comida y siete tacitas de barro con bebidas (café, agua y aguardiente); elaboraban además un improvisado altar con dos copaleros de incienso y figurillas de barro conocidas como teopaquetl o tepalcates (vasijas divinas de ofrenda).
Después de haber compartido con la Tepa, los peones hacían un hoyo en medio de la milpa, donde depositaban todo lo que les había sobrado para alimentar a la madre tierra, y rociaban el agua, el café y el aguardiente. Este ritual lo acostumbraban hacer en todas la comunidades huastecas, aunque en algunas de ellas nunca se hubiese aparecido la Tepa.
Se dice que allá por el año de 1960 en una comunidad de Tamiahua, conocida como Buena Vista, al levantar la cosecha, variando el frijol la Tepa apareció entre cinco campesinos, uno de ellos, Melitón Santiago, saco su machete y entre gritos le dijo: “¡hasta aquí llegaste bruja!” y se le echo encima a machetazos sin poder tocar su cuerpo, siguiéndola hasta perderse en el espeso monte, mientras ella solo reía sarcasticamente.
Sus compañeros quedaron estáticos con los pies clavados en el suelo, llamando angustiosamente a su compañero implorando al cielo por ayuda, sin saber que Melitón había desafiado a fuerzas extrañas de la naturaleza, provocando la ira de la Tepa.
Uno de ellos corrió a la comunidad para avisar lo sucedido, al llegar al pueblo gritaba ¡a Melitón se lo llevó la Tepa!, la gente se organizó para buscarlo, mas no dieron con él.
Después de cuarenta días vecinos de Temapache encontraron el cuerpo disecado totalmente, con la piel bien adherida al esqueleto, sólo por sus ropas pudieron reconocerlo.
Durante esos días todas las milpas, sufrieron ataques de la Tepa, quebrando las plantas de maíz y arrancando de raíz las plantas de frijol, no así donde habían sembrado ajos y chonacates o cebollines, por tanto, los demás campesinos empezaron a sembrar éstos en sus milpas, para alejar a la bruja llamada Tepa que no ha vuelto más por estos lugares.